María Teresa de Vega nació en La Laguna,  en cuya universidad se licenció en Filología Románica. Los estudios previos los realizó en el colegio de las Madres Dominicas,  etapa que dejó en ella- porque allí los había- el amor por los patios con arriates, los  estanques con peces y ninfeas, y en un plano más abstracto, por  la simetría y el orden. 

 

     En su formación influyeron, decisivamente, las muchas lecturas. Por fortuna, en la casa  de sus padres dispuso siempre de libros de calidad: las grandes obras de la literatura  universal, las clásicas del pensamiento contemporáneo y las imprescindibles de autores  canarios. Sin olvidar las enseñanzas de un abuelo que escribía poesías y relatos  en los  periódicos y que, oralmente, narraba como pocos, historias para sus nietas. Y que era  pintor dominguero. Quizás de ahí le vinieron a la autora sus veleidades pictóricas, que  estudió, creyéndose artista, dos años en la Escuela de Bellas Artes de Santa Cruz.

 

     Durante mucho tiempo la idea de escribir no estuvo entre sus planes. Más adelante, con persuasión, anidó en su cabeza. Quizá si no hubiera sido profesora lo hubiera hecho antes. Por fin, acostumbrada al ruido laboral, a esta tarea tan fatigosa, escribió un libro de relatos, que se publicó en el año 2000. 

 

     Ahora vive en Canarias y escribe. Participa en un club de lectura de poesía, envía algún artículo a la sección cultural de un periódico y acude a muchos actos culturales de la isla.

 

     Tiene publicados cuatro poemarios, Perdonen que hoy no esté jovial (2001), Cerca de lo lejano (2006), Mar cifrado (2009) y Necesidad de Orfeo (2015); dos libros de relatos, Perdidos en las redes (2000) y Sociedad sapiens (2005); y tres novelas, Niebla solar (2009), Merodeadores de orilla (2012) y Divisa de las hojas (2014).


     Es miembro de NACE (Nueva Asociación Canaria para la Edición). Ha participado en el ciclo Entre palabras. Un fragmento de su novela Divisa de las hojas fue incluido en el proyecto Santa Cruz, ciudad leída.