POESÍA:

 

De Perdonen que hoy no esté jovial

 

No hay manera

(1)

 

No es verdad que los dioses quieran hundirnos.

Lo contrario es una hipótesis bastante incierta, y aun así nos estremecemos.

 

Porque no basta con mirar los campos azules de la adolescente lavándula,

Ni los violetas del joven lino, ni la hierba tiernísima

De después de las lluvias.

 

No basta con admirar los aires que sacuden los tallos, y que

Fecundan las flores, ni a aquellas otras que visita un insecto,

Embadurnado de polen al término del suculento sorbo de néctar.

 

No basta asentir a todo esto que parece sonreír

Y apartar, respetuosos, más arduos aconteceres.

 

No basta con ser amor, amor devastador o beso

Que sólo constata que es inencontrable en mercado oriental alguno

Piel como la de esa boca,

Tibieza bajo ningún sol como la que exhalan esos labios entreabiertos.

 

No basta con la audacia que un día se tuvo

Y que acompañaron imaginarias marchas triunfales,

Ni el castigo a veces del desdén, ni la conciencia del yerro,

Ni el dolor del engaño.

 

Nada basta, 

Y, sin embargo, es bastante esos árboles en flor

Y después las cerezas.

Nada basta.

No he visto nada que pueda aplacarlos. No pensé nada que les fuera

Dilecto. No amé como en lo alto se aman los gigantes, con estrellas

Como labios, y como vértigo el del torbellino sideral.

 

Quizá porque no fui flor, ni insecto, ni ola vaporosa,

Y puedo crearlos a imagen de mis sospechas:

Dispuestos en comedias de desesperación,

De espaldas al jardinero que podará nuestras sombras,

Jardinero de agencias de silencio y olor triste

En todos los Olimpos detestadas.

 

 

De Cerca de lo lejano

 

1


Vistosos pájaros veo desde mi baranda,

eso sois,

sobre las hojas brillantes de después de la lluvia,

iconos de lo perdurable, más allá del diluvio.


Pájaros y vosotros,

entre el polvo que levanta el auriga del Tiempo,

acomodándoos, desde siempre,

al nuevo paisaje tras el torbellino.


Trinos de qué orbe que encerráis,

y, sin querer, la curva musical desvelando la esfera.



De Mar cifrado



Mientras paseo miro las digitales

y otras flores que crecen en el camino.

Miro los maizales y las colinas,

la sombra de una pared alta.


Briznas y briznas de azul.

Los músculos del torrente en la memoria,

los nervios robustos de las montañas,

la inacabable resistencia de la piel

que protege los llanos.


Parece que me miran y preguntan:

¿Quién eres?

Pasa una sombra por sus frentes salvajes.


De pronto el viento me golpea la espalda,

y aúlla de modo triunfal.

Con voluntad firme, me arrastra

hasta la orilla:

Soy la roca que descubre la marea

a la mañana,

allí donde las aves se aúpan

para otear vastedades.


 

MICRORRELATO:


Bajo palio

Desde hace unos meses, un joven negro sobrevive en la antepuerta del local de un empresa, a partir de las ocho de la tarde. Una vecina, que alimenta con jamón cocido troceado a los gatos del viejo hospital, empezó a llevarle comida caliente al joven. ÉL tiene su espacio -en el que cabe estirado en su saco de dormir- limpio, sus cosas ordenadas, su botella de agua y su mochila, y periódicos viejos donde aprende español. Llame al párroco, le dicen al dueño, pero él que no, que ya se sabe cómo son algunos curas, melindrosos y negligentes para asuntos que solo son del CIELO VICTORIOSO. Pues llame a los servicios sociales, pero tampoco, no cabe ahora tirar del atribuladísimo ESTADO DERROTADO. Que él se queda con su negro, al que hospeda de balde como todo el mundo puede ver y saber, él no es ningún Don Desdeñoso y, perspicaz, ha sabido intuir que el muchacho no tiene deudas con la mentira y la comedia, y todavía no le ha rozado el deshonor. Merece que un palio le cubra, a este sí, a la entrada de su negocio, ejemplo de prudencia y oportunidad, mire usted.

Contenido en Minitextos Comprometidos, Trilogía Somos Solidarios, Ediciones Idea, 2013, p. 41.

CUENTO:

 

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Voces de la planicie fértil - María Teresa de Vega
Cuento publicado en los Cuadernos del Ateneo nº 11, 2001. Incluido en Sociedad sapiens.
Voces de la planicie fértil (cuento) - M
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NOVELA:


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Merodeadores de orilla. Capítulo "Un exabrupto de Andrés"
Fragmento de la novela Merodeadores de orilla.
Merodeadores de orilla. Capítulo Un exab
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ARTÍCULO:

 

Rebumbio creativo

 

        Quizá porque soy amante, entre otras tradiciones de mi gusto, de la tradición clásica española, al leer el artículo LO IMPREVISTO de Daniel María, me vino a la cabeza aquel verso de Góngora: Infame turba de nocturnas aves, referido a las que moran en la caliginosa cueva de Polifemo. ¿Quién es ese Polifemo que en sus dominios hace de las suyas?  En mi visión encarna a la “crítica acomodada”, la “crítica silenciosa por vagancia”, que tienen presos, y a merced de esas aves, a unos escritores-náufragos, y  solo deja pasar a la luz a los que se ponen un vellón de oveja sobre los hombros, a los que son astutos como Ulises. ¿Qué hay que reprochar, la prepotencia de Polifemo? ¿O la astucia de Ulises? ¿O ambas cosas?

            Vamos a partir de un hecho. Los canarios, en términos generales, no leen a sus escritores. Y aunque en los círculos literarios algunos escogidos tengan su reconocimiento, eso no significa que tengan tantos lectores como su calidad requeriría. Lo cierto es que por falta, quizá, de una insistencia de los críticos en sus obras, por esta penuria crítica y penuria de tribunas desde las que acercar estas obras a los lectores, esos autores de generaciones anteriores, verdaderamente consolidados, en principio, y como hipótesis, no pueden atender a los jóvenes escritores, y no se diga ya, a otros con menos “suerte” de sus mismas generaciones; no pueden, digo, porque están inmersos en la tarea de su propia difusión y reconocimiento, dentro y fuera de las islas, legítimamente preocupados por el destino de su obra y porque editoriales mayúsculas los acojan. En otro nivel, claro está,  se encuentran como ese grupo de jóvenes autores que Daniel María quiere aglutinar bajo el nombre de LO IMPREVISTO: ayunos de atención suficiente.

            Y parece, también, que una vez encasillados determinados autores en una generación, ya se ha hecho todo lo que se podía hacer por ellos. Ya se ha cumplido. Podemos dejar de leer sus obras, como así ha pasado, entre otros ejemplos, con la novela de José Antonio Padrón Tubalcaín setenta veces siete.

            No quiero dejar de lado otro ingrediente de esa falta de atención a los otros, la muy humana inclinación que lleva a silenciar aquello que puede hacernos sombra, o el temor a que los que participen de la tarta sean tantos que el trocito que nos corresponda aparezca harto menguado, cosa que, sin que nadie lo fuerce, está sucediendo. Todo esto ha llevado y llevará a algunos a esos “chanchullos literarios” de que se habla en el artículo citado, otra corrupción más entre las otras que nos humillan cotidianamente.

            Dije antes que el pedacito de tarta que toca a cada uno es cada vez más pequeño. El número de escritores y otros artistas se ha ampliado extraordinariamente. Por supuesto, lo mismo ocurre en el territorio canario. Los autores de generaciones anteriores, consolidados por la crítica o no, pues habrá que revisar esa nómina, el “rebumbio creativo” juvenil, y los escritores que están y que estarán en la colección G 21 de Ánghel Morales -quizá el primero en ver esa floración de creatividad, que enseguida se puso a la tarea, punta de lanza de lo que podría ser una nueva era de trabajo por la literatura canaria-, con todo ello se podría hacer un tejido, una malla cuyos hilos sean cada uno de estos escritores y con todos los demás, que se estire hacia la luz, hacia una visibilidad en la que se reconozca el esfuerzo y los logros creativos de esta parte del mundo.